De cuando fuimos a por cañones y encontramos babas de lobo

De cuando fuimos a por cañones y encontramos babas de lobo

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Avanzaba el último cuarto del siglo XVIII en el Reino de España, y Carlos III estaba frito: justo ahora, cuando más crítico resultaba el control de las fronteras y la expansión territorial, los cañones fabricados en Cantabria, con los que se equipaban todos los barcos de la marina española, reventaban como melones maduros.

El rey sabía que los mejores cañones del mundo se fabricaban en la Carron Company de Escocia, con una técnica innovadora de vaciado en hueco. Pero España y Gran Bretaña se habían pasado los últimos años (y todavía se pasarían una buena parte de los siguientes) a torta limpia por el control de los territorios en diferentes partes del mundo, así que pedirles cañones a los escoceses no parecía una opción viable.

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