Cambio climático: un fenómeno de consecuencias globales que requiere de cooperación internacional

Cambio climático: un fenómeno de consecuencias globales que requiere de cooperación internacional

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Es una situación alarmante, sí. Pero nunca olvidemos que cada gramo cuenta.

La relevancia que el concepto de clima y, más concretamente, el de cambio climático ha adquirido en la última década no ha dejado indiferente a nadie. Muchos de nosotros hemos percibido que el tiempo ya no es el mismo que conocimos de niños. En mi caso, por ejemplo, que nací en la década de los 90, he visto prácticamente desaparecer las nieves en invierno, y cómo el viento del sur ha ido quitándole protagonismo a las lluvias en primavera. De hecho, me aventuraría a decir que muchas personas ya se habrán dado cuenta de que aquel estereotipo de que en el País Vasco estaba siempre nublado y lloviendo, ya no se ajusta tan bien a la realidad.

Siempre he creído que estas pequeñas observaciones cotidianas sirven para visualizar, de una manera más divulgativa, que existe un cambio. Sin embargo, cualquier científico, entre los que me incluyo, puntualizaría que estos cambios observados pueden o no ser debidos al cambio climático y que requieren del correspondiente análisis exhaustivo para confirmar dicha relación. Es aquí donde entran los estudios realizados por distintas redes de la comunidad científica global.

Aunque el cambio climático haya adquirido mayor importancia en la última década, son ya 34 años desde que las Naciones Unidas crearon el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) con los objetivos de 1) revisar el estado del conocimiento científico sobre el cambio climático, 2) evaluar los impactos socioeconómicos del mismo y 3) proponer posibles estrategias y elementos de respuesta a incluir en una posible convención internacional del clima.

Ya en el primer informe publicado en 1990, el IPCC presentaba al cambio climático como un fenómeno de consecuencias globales que requería de cooperación internacional para hacerle frente. Ahora que se ha publicado el sexto informe del IPCC, volvemos a confirmar con rigor científico no solo la existencia del cambio climático sino el empeoramiento de la situación (último acceso marzo de 2022).

Estado del clima actual

El calentamiento del planeta ha alcanzado ya +1.59°C en la tierra y +0.88°C en los océanos, respecto a los valores de 1850-1900. A este respecto, las últimas cuatro décadas han sido sucesivamente más calurosas que cualquier otra década pasada. Este calentamiento se debe en su práctica totalidad a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por el ser humano, las cuales siguen una tendencia al alza. Los niveles respecto a 1750 han aumentado un 46 %, 156 % y 23 % en dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido de nitrógeno (N2O), respectivamente, superando los que se podrían esperar de los cambios naturales entre períodos glaciales e interglaciares de los últimos 800,000 años.

Este calentamiento global ha tenido ya claras consecuencias tanto en la tierra como en los océanos. En el primer caso, uno de los cambios más evidentes es el derretimiento de los glaciares y casquetes polares, los cuales han alcanzado mínimos que no se veían desde hace al menos 1000 años. Además, se ha visto un desplazamiento de las zonas climáticas hacia los polos en ambos hemisferios, la extensión de dos días por década de la época de crecimiento de las plantas en las zonas extra tropicales del hemisferio norte (es decir, aproximadamente entre las latitudes 30°N – 60°N) y un aumento de la frecuencia e intensidad de los extremos climáticos como sequías, olas de calor, precipitaciones intensas y ciclones tropicales. En el caso de los océanos la consecuencia más conocida es el aumento del nivel del mar, pero también se han observado en la parte superficial de los océanos una caída de los niveles de oxígeno y una acidificación importante, con el consiguiente impacto sobre la flora y fauna marinas. Sin embargo, lo peor, se podría decir, es que estas consecuencias se han ido produciendo cada vez de manera más acelerada.

Posibles climas futuros

Para poder ver las tendencias hacía el futuro de estas consecuencias el informe del IPCC analiza los resultados generados por modelos climáticos que simulan diferentes escenarios futuros. Estos escenarios se basan en distintos niveles de emisiones de GEI (muy alto, alto, intermedio, bajo y muy bajo) que estarían vinculadas a posibles evoluciones socioeconómicas. Así, independientemente del escenario que se analice, una conclusión es clara: la tierra se seguirá calentando al menos hasta 2050, llegando a superar los 2°C respecto a 1850-1900 si no se reducen desde ya las emisiones. De hecho, los escenarios de emisiones intermedias, altas y muy altas indican un calentamiento de más de 2.5°C para finales de siglo, algo que no se ha visto durante al menos tres millones de años.

Este incremento de temperatura no se dará de la misma manera en todos los lugares del planeta. La tierra, por ejemplo, se calentará entre 1.4 y 1.7 veces más que los océanos, mientras que el ártico lo hará el doble que la media del planeta. Todo esto hace que, lógicamente, los extremos climáticos que antes se mencionaban aumenten en intensidad y frecuencia. Otros cambios, por el contrario, como la acidificación de los océanos, la subida del nivel del mar, la pérdida de permafrost o el derretimiento de los casquetes polares, son ya irreversibles a medio plazo. De hecho, en este último caso, es probable que de aquí a 2050, independientemente de lo que hagamos, el ártico pierda, al menos una vez en septiembre, todo el hielo oceánico.

Y entonces… ¿qué hacemos?

No cabe duda de que esta es una situación alarmante y no sería raro que en este punto alguien pueda pensar que ya no hay nada que hacer. Esa es la respuesta cómoda. O quizás algún optimista empedernido sigue leyendo estas líneas con la esperanza de llegar a la parte en el que se da alguna solución. Pero la conocemos de sobra: empezar, en serio, a reducir emisiones para evitar las peores consecuencias del cambio climático y adaptarnos para sobrellevar aquellas que ya son irreversibles (último acceso marzo de 2022).

Como cuando alguien quiere perder peso, no existen dietas milagrosas para esto, solo hace falta voluntad y esfuerzo. Porque, al igual que en ese caso, cada gramo cuenta.

Sobre Joshua Lizundia Loiola

Analista de datos e investigador de servicios climáticos en el grupo de adaptación al cambio climático de TECNALIA. Graduado en Ingeniería en Geomática y Topografía por la Universidad del País Vasco y Máster en Tecnologías de la Información Geográfica por la Universidad de Alcalá. Actualmente está finalizando sus estudios de doctorado en tecnologías de la Información Geográfica de la Universidad de Alcalá.

Ha trabajado en distintos proyectos para el ECMWF, la Agencia Espacial Europea y el Servicio de Cambio Climático de Copernicus de la Comisión Europea con el objetivo de analizar el impacto y el riesgo derivado del cambio climático.