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Qué haces para luchar contra el cambio climático

9 julio, 2020 Mónica Serna Ruiz

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Si alguien nos hubiese contado a finales de 2019 lo que íbamos a experimentar pocos meses después, una gran mayoría hubiésemos pensado que eso era totalmente inverosímil. Pero lo cierto es que hemos vivido tiempos duros, muy duros.

Hemos perdido muchos seres queridos por el camino, sin poder despedirles cómo se merecían; el personal considerado esencial ha estado dando lo mejor de sí mismos durante la etapa más crítica a pesar del miedo que seguro los acompañaba, por ellos, por sus familiares, … mientras los demás nos quedábamos en casa. Poco a poco vamos recuperando algunas de nuestras costumbres gracias a la
“nueva normalidad”. Hay mucho que aprender de las cosas que nos suceden. Y tal vez, esta “experiencia” fuese necesaria para darnos cuenta de que debemos tomar conciencia del daño que causamos al planeta, y que estamos en el mundo para cambiar el mundo (In the world to change the world).

A veces se nos olvida que el planeta es un legado de la humanidad que debemos cuidar y respetar. Todos hemos sido conscientes de cómo nuestra actividad diaria afecta al medio ambiente, y cómo durante el confinamiento la contaminación bajó a niveles insospechados.

En un artículo publicado recientemente en la revista Science Advances, un grupo investigadores de la Universidad de Southampton sostiene que la causa del desastre del Devónico (un período muy letal ocurrido hace 360 millones de años, y en el cual se extinguieron el 85 % de los peces y los tetrápodos, antepasados de los mamíferos) fue la destrucción de la capa de ozono. Se produjo como consecuencia de un proceso natural que inició un intenso calentamiento del clima. El vapor de agua que se evaporaba de la superficie terrestre transportaba fluorocarburos que destruían la capa de ozono, y como consecuencia dejaba pasar más rayos ultravioletas (UV). Si la temperatura de la superficie terrestre sigue aumentando, principalmente durante los meses de verano, la destrucción de la capa de ozono continuará y estaremos cada vez más expuestos a la radiación UV.

Tengo claro que la humanidad deja su huella en el planeta, nuestro planeta, y que deberíamos replantearnos la herencia que dejaremos a las generaciones futuras.

Gretta Thunberg (2003) es la activista medioambiental sueca que promueve el movimiento Fridays For Future, seguida por miles de estudiantes a nivel mundial. Está centrada en los riesgos planteados por el calentamiento global. Tal vez sea el “superpoder” que le otorga el síndrome de Asperger que le diagnosticaron, lo que hace que esta joven de 17 años hable de manera contundente tanto a las multitudes como a los líderes políticos y asambleas legislativas, instando a la acción inmediata para abordar lo que ella describe como la “crisis climática”.

La Unión Europa, consciente de esta problemática, ha destinado durante las últimas décadas fondos para luchar contra el cambio climático, financiando proyectos de investigación que persiguen la reducción de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Frans Timmermans, actual Vicepresidente de la Comisión Europea (CE) está liderando el Pacto Verde Europeo (European Green Deal), y la primera Ley Europea sobre el Clima, que persigue conseguir la neutralidad climática para 2050, intensificando el objetivo de reducción de emisiones para 2030 y progresando en la economía circular, entre otros compromisos. Una de sus misiones es inculcar una nueva cultura climática en Europa, que reúna a las regiones, las comunidades locales, la sociedad civil, la industria y las escuelas.

Cuando se habla de emisiones, se piensa en las industrias intensivas como responsables en buena parte de los Gases de Efecto Invernadero (GEI). En este sentido, la industria siderúrgica ha hecho inmensos esfuerzos para limitar la contaminación ambiental en las últimas décadas. Producir una tonelada de acero hoy en día requiere solo el 40 % de la energía que se utilizaba en 1960. Las emisiones de polvo se han reducido aún más. Pero el cambio climático es el mayor problema al que se enfrenta la industria del acero en el siglo XXI, ya que durante el año 2018 se emitieron una media de 1,85 toneladas de CO2 por cada tonelada de acero producida. Siendo por tanto responsable de entre el 7 y el 9 % de las emisiones mundiales directas por su uso de combustibles fósiles. La mayor parte de las emisiones de CO2 provienen de la reacción química de la siderurgia.

El acero es esencial para nuestra sociedad. Se trata del material de ingeniería y construcción más importante del mundo, utilizado en todos los aspectos de nuestras vidas: coches y productos de construcción, frigoríficos y lavadoras, barcos de carga y bisturís quirúrgicos. Es un material que se puede reciclar una y otra vez sin pérdida de propiedades. En particular, la industria del acero es especialista en convertir un residuo, como es la chatarra, en productos de altísima calidad.

Una tecnología rompedora a medio-largo plazo, sin emisiones directas de CO2, consiste en hacer pasar una suspensión alcalina que contiene un mineral de hierro (hematita, Fe2O3) a través de unos electrodos, de modo que mediante un proceso electrolítico el hierro se deposite en el cátodo y se genere oxígeno en el ánodo. La chapa de hierro depositada se utilizaría como materia prima en la ruta de Horno de Arco Eléctrico convencional.

Desde TECNALIA llevamos casi dos décadas participando junto con ArcelorMittal Maizières (Francia) y otras universidades y centros tecnológicos europeos en el marco de proyectos como ULCOS (FP VII; 2004 – 2009) y IERO (RFCS; 2010-2014), en los que se ha conseguido producir hasta 4 kg de hierro a escala de laboratorio mediante electrólisis y con un bajo consumo de energía. Para continuar con el trabajo desarrollado, comenzó en el año 2016 la iniciativa ΣIDERWIN (H2020; 2016-2022) que está alineada con la estrategia del Pacto Verde Europeo.

En el marco de este proyecto, se está construyendo una planta piloto en las instalaciones de ArcelorMittal en Metz (Francia) donde se está instalando una celda capaz de producir 50 kg/día de hierro (18 t/año), que dejaría esta tecnología en un TRL6 (Technology Readyness Level). El siguiente paso para escalar a nivel industrial, sería la instalación de varias de estas celdas en paralelo, similar a lo que ocurre en la producción de otros metales de gran pureza fabricados mediante electrodeposición, como en el caso del Nickel.

Además, en la iniciativa ΣIDERWIN también se investiga la valorización de los subproductos generados por la industria del aluminio, para utilizarlos como materia prima en la planta piloto, por su alto contenido en mineral de hierro (40 – 45 %).

Existe el consenso social de que la naturaleza es un bien finito que hay que proteger. Cada pequeño gesto cuenta, y todos debemos contribuir para legar el mejor planeta posible a las generaciones futuras.

Sobre Mónica Serna Ruiz

Titulada en Ingeniería Industrial con especialización en Diseño Mecánico (2002) por la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial y de Telecomunicaciones de Bilbao, perteneciente a la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Curso de Termografía con Certificación de Nivel I (2007) por el Centro de Formación Infrarroja de la Universidad Politécnica de Valencia.

Investigadora científica en TECNALIA desde el año 2001, actualmente pertenece al área de Fundición y Siderurgia, en Industria y Transporte. Participa en proyectos nacionales y europeos. Especialización en simulaciones CFD (Dinámica de Fluidos Computacional) de procesos siderúrgicos principalmente, aunque también está involucrada en proyectos de otros ámbitos relacionados con la transferencia de calor (intercambiadores de calor, hornos de pan, re-racking de piscinas nucleares, …). Además, es co- inventora en la patente Equipo para ensayo de seguridad ante incendio mediante humo caliente limpio (2003) de TECNALIA.