Teletrabajo: mitos y realidades forzosas en tiempos de una pandemia

Teletrabajo: mitos y realidades forzosas en tiempos de una pandemia

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El Covid-19 se ha revelado como una de las grandes fuerzas impulsoras de la transformación digital en los últimos años. El problema es que lo ha hecho de manera tan virulenta e inesperada, que ha obligado a muchas organizaciones y profesionales a hacer cosas para las que no estaban preparadas.

Quizás, una de las lecturas más positivas que esta crisis podría traer, es la necesidad de impulsar los medios telemáticos y las culturas digitales asociados a ellas, con el objetivo de replantearnos por completo, las culturas laborales basadas en el presencialismo, que todavía imperan en muchas organizaciones.

Sin duda, uno de los impactos más grandes que ha ejercido el COVID-19 ha sido en todo lo que tiene que ver con el mercado de trabajo y su creciente polarización. Así hemos visto como en las últimas semanas multitud de personas han perdido sus empleos o han sufrido un ERTE, mientras que otros se han visto obligados a seguir trabajando en unas condiciones realmente difíciles. Pero lo que absolutamente nadie podía prever, es que el 2020 iba a ser el año en el que millones de trabajadores en todo el mundo iban a verse forzados a teletrabajar a tiempo completo y sine die (auténticos privilegiados en esta crisis).

Admitámoslo, el teletrabajo es uno de los iconos más proclamados de la literatura de ciencia-ficción y, sin embargo, nunca ha acabado por imponerse mayoritariamente en nuestra sociedad. Para ilustrar este contrasentido, hay un dato demoledor que se ha publicitado bastante durante estos días de confinamiento: solamente el 4,3 % de los trabajadores se conecta a distancia regularmente para realizar sus labores profesionales en nuestro país (datos de EUSTAT en 2018). Si bien es cierto que en 2019 parece que este porcentaje creció, y estos meses de 2020 podemos esperar que el porcentaje se haya disparado por causas de fuerza mayor.

Como era de esperar, estamos por debajo de la media europea en esto también, con países como Finlandia o Países Bajos liderando este ranking a una distancia significativa. Aquí obviamente juega un papel muy importante la orientación de la economía nacional a sectores como el turismo y la construcción, que requieren de una presencia física en multitud de profesiones. Si a eso le unimos nuestras carencias relativas a la digitalización de la economía y la sociedad (sobre todo en el apartado de competencias digitales), y la ya tan manida falta de cultura de la innovación en nuestra sociedad (y en el empresariado en particular), tenemos un mapa más o menos diverso de las causas de esta baja implantación del teletrabajo.

Aquí en TECNALIA hemos tenido la gran suerte de que el teletrabajo no nos ha pillado con el pie cambiado, ya que llevamos unos cuantos años con él, aunque de manera más puntual y localizada, pero sinceramente creo que durante estas semanas de confinamiento las personas que formamos parte de esta organización hemos respondido de una manera más que satisfactoria al reto que nos planteaba el COVID-19.

Sin embargo, el principal problema de este “teletrabajo forzoso” impuesto por el coronavirus es que muchas de las organizaciones que lo han tenido que asumir lo han hecho por causas de fuerza mayor y sin ningún tipo de promoción y planificación previa. Aquí el papel de la administración pública me parece realmente vital, para intentar favorecer este tipo de “transformaciones digitales dramáticas”, ya que muchas de las organizaciones a día de hoy carecen de las infraestructuras necesarias (VPNs, nubes, certificados, protocolos), de la formación asociada (plataformas digitales, aplicaciones en red, servicios de comunicación) y sobre todo, y para mí más importante, de una cultura digital lo suficientemente sustentada en prácticas previamente desarrolladas, aceptadas, difundidas, respetadas y legitimadas que puedan afianzar esta transformación.

A esto mismo apuntaba el CEO de Blackrock, hace unas semanas, cuando puntualizaba que la diferencia entre buenas y malas compañías radica en la cultura. Y es que en el plano online también podemos encontrar ejemplos del tan denostado presencialismo laboral en forma de una “excesiva comunicación”.

En el entorno virtual que se desarrolla el teletrabajo hay que tener muy en cuenta a los valores que impulsan las TIC en general, y que se suelen agruparse en torno a “las 3 Cs”: conectividad, comunicación y codificación. Los valores que hay detrás de estas tecnologías muchas veces se ven exacerbados si no hay una cultura que permita la necesaria autonomía, independencia, concertación, confianza y orientación a objetivos delimitados, factibles y consensuados que necesitan todos los profesionales que trabajan a distancia. Al mismo tiempo, cuando hablamos de teletrabajo, hablamos de una actividad que tiene un grandísimo componente social, y que necesita de algo más que las famosas “nubes”, servidores, plataformas y servicios de comunicación que todos usamos durante estos días de confinamiento. El no poder estar con nuestros compañeros de trabajo de forma física dificulta muchas veces la comunicación entre muchos de nosotros y añade una tecno-complejidad y una tele-burocracria derivada de la necesidad de hacer “un máster acelerado en competencias digitales“, al mismo tiempo que intentamos sacar nuestro trabajo adelante y lo compaginamos con nuestra vida familiar.

Asumámoslo, las tecnologías para teletrabajar llevan con nosotros muchos años, pero sin embargo las prácticas y valores necesarios para llevar a cabo esta transformación digital en las organizaciones no han sido desarrolladas de manera masiva. Por ello, a mi particularmente me gusta añadir otras tres C´s que, a mi juicio, creo que son igual de importantes en todo esto: cooperación, co-creación y corresponsabilidad.

Detrás de estas tres C´s hay otros valores diferentes a los que impulsan las TIC´s y que enfatizan las virtudes del trabajo en equipo autoorganizado, concertado y legitimado por sus miembros de forma unívoca. En esta situación en la que nos encontramos es muy probable que muchos gestores en diversas organizaciones estén echando cuentas sobre cómo esta transformación forzosa puede ser rentable desde el punto de vista económico, pero espero y deseo que el ahorro en el gasto de costes fijos no sea el principal criterio que se emplee para evaluar este gran experimento social sin precedentes. Al fin y al cabo, las variables del mismo no pueden ser reducidas a la misma lógica economicista y cortoplacista que nos trajo la crisis del 2008 y la consecuente precarización de los servicios públicos de salud en multitud de países.

El teletrabajo sigue siendo una de las asignaturas pendientes de muchísimos mercados laborales en todo el mundo, pero esperemos que esta crisis nos traiga una lectura positiva de cómo la transformación digital puede ayudarnos a ser más resilientes, tanto a nivel organizacional como individual.

Por eso me gustaría acabar con una lectura positiva de todo esto y enfatizar cómo la crisis del coronavirus está revelando al teletrabajo como una herramienta de supervivencia organizacional y competitividad empresarial, cuyas implicaciones económicas, laborales y sociales serán estudiadas durante las próximas décadas. Aspectos de la transformación digital que usualmente se tratan en este blog como la ciberseguridad, las competencias digitales y la economía de las plataformas son extremadamente críticos a este respecto. Para acabar este post y aun a riesgo de sonar un tanto charlatán y no aportar nada nuevo, me gustaría compartir algunas pautas que a mí me particularmente me han ayudado durante estos años de teletrabajo.

¡Mucho ánimo para todos y todas!

  • Levántate aún más pronto de lo que lo haces cuando vas a la oficina (quien tiene hijos seguro que me entiende a la perfección)
  • Quítate el pijama y ponte cómodo (el chándal nunca ha dejado de estar de moda)
  • Desayuna directamente arrancando el ordenador (no sé cuál es el motivo, pero de verdad que lo hace todo más fácil)
  • Habilita un lugar en tú casa con mucha luz, que sea cómodo, amplio y en el que tengas a mano todo lo que necesites (a poder ser que no sea en la cocina ni en el salón, ya que hay muchas distracciones)
  • No consultes el correo electrónico ni redes sociales en las primeras horas de la mañana (esto también vale para cuando estás en la oficina, pero teletrabajando es mucho más importante)
  • Evita, en la medida de lo posible, las teleconferencias y llamadas de teléfono durante las primeras horas de la mañana (te roban la energía de las primeras horas de la mañana)
  • Establece descansos e intenta alojarlos con tareas del hogar livianas (créeme, poner una lavadora después de estar sentado un buen rato te ayudará a volver con más ganas)
  • Si puedes tener otra pantalla, teclado y ratón externos, además del portátil no lo dudes (una pantalla grande es más cara que los otros periféricos, pero te hace la vida mucho más fácil)
  • Los cascos inalámbricos con micrófono integrado son muy recomendables (especialmente para las llamadas/telcos es un lujo)
  • Trata de hacer ejercicio físico varias veces por semana (te ayuda a desconectar y además mejora tu salud)
  • Revisa y aprende de tus rutinas (lo que a otros les sirve puede que a ti no y lo debes aprender por ti mismo)

Sobre Raúl Tabarés Gutiérrez

Investigador especializado en la irrupción del fenómeno digital y su impacto en las relaciones sociales, el cual ha conformado nuevas oportunidades, retos y amenazas en la sociedad. Su área de conocimiento combina temas como las competencias digitales, la innovación social digital, la innovación abierta y los estudios sociales de ciencia y tecnología.

Doctor y Máster en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología por la Universidad de Salamanca, también posee una Licenciatura en Humanidades por esta misma universidad y una Diplomatura en Turismo por la Universidad de Cantabria. Desarrolla su actividad investigadora en el área de Estrategias de Innovación, en diversos proyectos de carácter internacional, nacional y regional. Anteriormente a su incorporación a TECNALIA, también ha formado parte de FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología).

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