Tecnología, organizaciones y personas

Tecnología, organizaciones y personas

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Explica muy bien Antón Costas en una entrevista cómo, a lo largo de la historia, los hitos de disrupción tecnológica han generado inicialmente siempre un incremento de la desigualdad, que luego la sociedad ha ido corrigiendo en el tiempo. Esta década que cierra el 2020, hemos estado más en la primera parte (más desigualdad), que en la segunda (la sociedad que se moviliza para arreglarlo).

No me sorprende, por ello, que en la última encuesta de percepción social de la innovación en España, presentada por COTEC este mes de enero, la confianza de los ciudadanos en la innovación acumule una caída de dieciséis puntos porcentuales en solo dos años (89 % en 2017, 80 % en 2018, 73 % en 2019).

Más claro todavía: esta evolución es más acusada entre los sectores de población tradicionalmente más vulnerables. Destaca la caída entre los ciudadanos que solo tienen estudios de Primaria (únicamente el 50 % mantiene una consideración positiva de la innovación, acumulando un retroceso de 32 puntos porcentuales en dos años) y Secundaria (65 %, -22); los menores de 29 años (70 %, -23) y los mayores de 65 (64 %, -21); así como las mujeres (68 %, -21).

Esta grieta que vemos en las estadísticas del conjunto de la sociedad, se reproduce en nuestras empresas y organizaciones. Hay un triple relato que está generando inquietud en muchas personas:

  • La sostenibilidad del sistema de pensiones probablemente genere un retraso en la edad de jubilación. Vamos interiorizando que muchos de nosotros, para poder cobrar una pensión, tendremos que trabajar hasta cerca de los 70 años.
  • La disrupción tecnológica está transformando la naturaleza de muchos empleos. Es preciso adaptarse a esta realidad, porque muchos trabajos desaparecerán o cambiarán (aunque países líderes como UK o USA están ahora en los niveles de desempleo más bajos de su historia reciente: están apareciendo también nuevos empleos).
  • Sin embargo, a partir de los 45 años, las empresas asumen como dato que las personas hemos perdido esa capacidad de adaptación, o la tenemos considerablemente mermada, y descartan a los candidatos por ese motivo, sin más argumento que su edad.

Es cierto que este relato es muy parcial e incompleto, pero es el que domina los medios de comunicación desde hace meses y por eso, la sociedad está perpleja.

En paralelo, ocurre que están ascendiendo en las organizaciones personas más jóvenes, nativos digitales que entienden mejor este nuevo mundo que viene. Exigen rapidez de transformación, cambios en los modelos de negocio y en la forma de relacionarse con los clientes y con los propios profesionales de la empresa.

La experiencia profesional, el compromiso demostrado con la empresa durante décadas, pierden valor y solo se aprecia la capacidad de adaptarse, de reinventarse para abrazar nuevos modelos de negocio basados en nuevas tecnologías.

Se reducen costes, se incrementa la productividad, se mejora la calidad. Pero muchas personas pierden el sentido, están perdidas, desorientadas y solo cuentan los años hasta que por fin puedan salir de ese engranaje que no acaban de entender bien…

Toda mi vida he defendido la apuesta por la tecnología y la innovación, y sigo creyendo con firmeza que es el único camino. Pero creo que no estamos acertando en la comunicación cuando la sociedad percibe este triple relato que se repite una y otra vez en los medios de comunicación.

La Historia nos enseña que el avance de las tecnologías, del conocimiento, siempre ha creado más prosperidad, y también lo hará en esta ocasión. Es importante que las empresas y las instituciones, además de responsabilidad social, vayan interiorizando su responsabilidad tecnológica, se preocupen de cambiar este relato. Si no, la sociedad acabará por explicarnos más alto y más claro su creciente descontento, me temo…

Hay que invertir en formar a las personas, dedicar tiempo a explicarlas estos cambios y a escucharlas. Si en este viaje perdemos a las personas, será un viaje a ninguna parte.

Sobre Guillermo Dorronsoro

Doctor Ingeniero Industrial, entre 1990 y 2005 desarrolla una carrera profesional en la empresa, vinculada a estrategia y promoción/gestión de nuevos negocios de base tecnológica, inicialmente como consultor estratégico y luego como ejecutivo  en corporaciones globales (Accenture, Iberdrola, EDP/Naturgas, Socintec/Indra). Entre 2005 y 2015 participa de forma activa en la transformación del Sistema de Ciencia y Tecnología en Euskadi (DG IK4, DG Innovación Tecnológica Innobasque, Vicepresidente Ejecutivo IK4).

Desde el año 2012 es Decano en Deusto Business School. Es también miembro de los Consejos de IAJBS (International Association of Jesuit Business Schools), del Consejo Vasco Económico y Social,  de Orkestra (Instituto Vasco de Competitividad) y de la Fundación ALBOAN. Desde Junio de 2016 es también Presidente del Centro Unesco de Euskal Herria.

Director de la Zona Norte de Ibermática y Profesor del Departamento de Estrategia y Sistemas de Información de Deusto Business School.

Participa también como Vocal en varios Consejos de organizaciones privadas y públicas vinculadas al ámbito de la competitividad, la innovación y el desarrollo sostenible (Bolsa de Bilbao, Confederación Empresarial de Bizkaia – CEBEK, Fundación ALBOAN, Centro Unesco del País Vasco). Es también miembro del Grupo de Expertos sobre el impacto de la digitalización en el sector industrial en España de AMETIC.

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