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Tecnologías avanzadas para rehabilitación (ART): de la clínica al hogar

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A medida que la población envejece, se hace cada vez más necesario trasladar la prestación de asistencia sanitaria de los hospitales a la atención primaria y domiciliaria. De hecho, este cambio, especialmente importante en el cuidado de enfermedades crónicas, es una prioridad en Europa.

Cambiar la prestación de asistencia sanitaria de esta manera no solo ahorra costes, y libera la presión sobre los servicios hospitalarios, sino que también tiene el potencial de ofrecer una asistencia de mayor calidad y más personalizada. Además es generalmente preferida por los pacientes.

Sin embargo, para acercar la atención a los hogares de los pacientes debemos resolver una serie de problemas. Se requieren herramientas de monitorización y tratamiento adecuadas para facilitar a los pacientes el manejo de su condición. Asimismo, las herramientas e infraestructura adecuadas para que los profesionales especialistas y/o los generalistas supervisen y apoyen a los pacientes, y a sus cuidadores en todo el proceso.

Un caso claro en el que esta transformación es indispensable es el accidente cerebrovascular (ACV o ictus). El Plan de Salud para Euskadi 2013-2020 recoge entre sus objetivos un “plan personalizado de rehabilitación precoz y domiciliario del ictus”. Esta condición presenta, además, una ventaja frente a otras enfermedades crónicas: hay posibilidades de recuperarse.

El accidente cerebrovascular es una de las principales causas de discapacidad permanente entre los adultos junto con las cardiopatías y lumbalgias/cervicalgias. De acuerdo con el informe realizado por la Federación Española de Daño Cerebral en 2015 vivían en el estado español en torno a 420.000 personas con las secuelas de un ACV. Cada año se registran 104.701 nuevos casos.  En Europa, el ictus tiene una incidencia de 1,1 millones de personas y una prevalencia de 6 millones. Se espera un aumento de un 34 % entre 2015 y 2035 (The burden of Stroke in Europe, 2017).

El ictus es un trastorno brusco de la circulación cerebral, que altera la función de la región del cerebro que presenta la lesión. Este episodio condiciona una pérdida de capacidades cerebrales de forma repentina, cuyas secuelas en los supervivientes pueden afectar a las funciones motoras, sensoriales, perceptivas y/o cognitivas, o combinaciones que pueden ser muy variadas dependiendo de cuál sea el área afectada. Una de las consecuencias más comunes de un ACV, en un 75 % de los casos, es la hemiparesia de la extremidad superior: impide realizar tareas cotidianas como usar un cuchillo y un tenedor, lavarse los dientes o abrochar un botón.

Después del ictus, los pacientes suelen seguir un proceso de rehabilitación, siendo esta una de las partes más importantes de su tratamiento. Sin embargo, actualmente, el 40 – 45 % de los pacientes supervivientes de ictus quedan incapacitados para realizar tareas de la vida diaria como comer o asearse tras una rehabilitación convencional, con la consiguiente pérdida de autonomía y calidad de vida y carga sobre sus cuidadores (Ministerio de Sanidad y Política Social, 2009).

Se estima que el coste medio del tratamiento de un paciente está en torno a los 25.000 euros, lo que, sumado a los costes por la dependencia resultante de los pacientes que quedan con discapacidad, supone un gasto de más de 45.000 millones de euros anuales en Europa.

Por lo tanto, nos enfrentamos a dos necesidades principales:

  1. Aumentar la eficacia del tratamiento y la tasa de éxito de la rehabilitación
  2. Reducir su coste

Según la evidencia científica, la mayoría de los pacientes pueden mejorar si reciben una terapia adecuada, la cual tiene cuatro requisitos principales:  una dosis e intensidad adecuadas, tan pronto como sea posible, adaptada al paciente y manteniendo la motivación del paciente (Kwakkel, 2004; Ward, 2015).

Sin embargo, la creciente cantidad de población afectada y los limitados recursos sanitarios dificultan la prestación de cuidados intensivos de rehabilitación mediante enfoques tradicionales.

Se necesitan soluciones que permitan tratar a más pacientes de manera más efectiva y con menos recursos, aunque más eficientes, que apoyen la labor del especialista y le permitan tratar a varios pacientes a la vez, pero que también lo sustituyan en los centros de atención primaria y en el hogar, permitiendo la continuidad de la rehabilitación una vez el paciente es enviado a casa.

En esta línea, investigamos en nuevas soluciones que permitan una rehabilitación lo más autónoma, efectiva y fiable posible; atributos que, junto con el coste y la facilidad de uso, son indispensables para introducir las tecnologías avanzadas para rehabilitación (ART) en el hogar.

La robótica para rehabilitación es un campo de investigación clave. Los robots ofrecen precisión y repetibilidad de los movimientos que pueden utilizarse para proporcionar ejercicios de rehabilitación intensivos, y seguros en un entorno no supervisado. Combinados con juegos serios, que proporcionan una manera divertida y efectiva de motivar a los pacientes a entrenar más intensamente durante más tiempo; y con plataformas de teleasistencia, que ofrecen a los terapeutas la posibilidad de monitorizar la adherencia al tratamiento; son herramientas ideales para continuar la rehabilitación en el hogar.

Otra de las líneas fundamentales de investigación en esta área son las herramientas de valoración. La evaluación automática del estado del paciente es clave para un entrenamiento sin supervisión parcial o total, para permitir el seguimiento remoto del progreso del paciente por parte del terapeuta y la adaptación automática y/o manual del entrenamiento. Estas herramientas también pueden ser utilizadas para monitorizar y fomentar la transferencia de los resultados de la rehabilitación a la capacidad funcional en la vida diaria del paciente, y así asegurar un impacto real en su calidad de vida e independencia.

La combinación de estas tecnologías permiten crear soluciones capaces de proveer una rehabilitación diaria, intensiva y adaptada al paciente en el hogar durante todo el tiempo que sea necesario, algo difícilmente posible en los centros de rehabilitación.

Socios clínicos en Euskadi y Andalucía estiman en un 25 % el ahorro que este tipo de soluciones puede suponer para un servicio de rehabilitación en tiempo de especialistas, tiempo de hospitalización, viajes de ambulancia, etc. pudiendo así incrementar los tiempos de rehabilitación para cada paciente y el número de pacientes a los que atender.

Además, este tipo de tecnologías representan una oportunidad para el tejido industrial en el prometedor sector de la neurorrehabilitación. Concretamente, en el segmento específico de “Therapeutic Neurorobotic Systems” se estima en 102 millones de dólares en 2017, con un crecimiento anual medio en torno al 16 % hasta el 2020 (Mercado mundial de tecnología para Neurorrehabilitación 2016-2020, Neurotech Reports).

Por un lado, suponen nuevas oportunidades de negocio para empresas que ya ofrecen productos y componentes para el ámbito de la salud, el dispositivo médico y la rehabilitación. Por otro, para entidades de otros sectores más tradicionales como el de la electrónica, la mecatrónica o las tecnologías de la información, representa una oportunidad de ampliar su cartera de productos y acceder a nuevos mercados.

¡Inspiremos juntos este cambio tan necesario¡

Sobre Cristina Rodríguez De Pablo

Ingeniera de Telecomunicaciones y con un Posgrado en Bioingeniería, actualmente es Gestora de proyectos en el área de Neurorrehabilitación de Salud de TECNALIA. Cuenta con más de 11 años investigando en el ámbito de las tecnologías para la salud, el envejecimiento y la discapacidad.

Desde 2014, es responsable de iniciativas relacionadas con la robótica para rehabilitación y las herramientas de valoración para neurorrehabilitación, como por ejemplo ARMASSIST: un dispositivo de bajo coste para la tele-rehabilitación de la extremidad superior en pacientes que han sufrido un ictus.

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