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El camino hacia el renacimiento de las ciudades

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Década de los 80. Puente de Deusto, Bilbao. El acervo industrial de una ciudad en la mirada de una niña que observa los últimos coletazos de un modelo industrial decadente en el bullicio de las grúas, talleres y barcos semi construidos que dibujan la orilla izquierda del Nervión.

30 años después, esa que ya no es tan niña, asiste a la ciudad de una industria reinventada gracias a la tecnología y al talento, compatible con la calidad de vida del entorno urbano y enraizada en la identidad industrial de una urbe que ha sabido adaptarse al cambio. El camino hacia el renacimiento industrial de las ciudades ha comenzado.

El año 2008 supuso un antes y un después para el mundo urbano. Por primera vez en la historia las ciudades albergaban a más de la mitad de la población mundial. Una tendencia que se agudizará en las próximas décadas. Sin embargo, este proceso de urbanización es más que una mera cuestión de tamaño. Según el Banco Mundial, los entornos urbanos aglutinaban más del 80 % del PIB mundial en 2016. Las ciudades se convierten en el terreno de juego principal de una economía global, que paradójicamente dota a la escala local de un significado especial como entorno de producción e innovación.

El paisaje que observaba aquella niña en el centro de Bilbao en los años 80 se replicaba en numerosas ciudades europeas cuyo modelo productivo basado en la industria pesada tradicional entraba en crisis. A finales del siglo XX, aquel entramado urbano tuvo que repensarse en términos socioeconómicos. Las ciudades debían buscar nuevos nichos de oportunidades en la economía del conocimiento.

El sector servicios pasaba a ocupar una posición preponderante en la estructura económica urbana, mostrando una creciente especialización en el ámbito de los servicios avanzados. La actividad industrial perdía peso, llevando a la  suburbanización de dichas actividades productivas, agrupándolas en áreas periféricas, zonas relativamente aisladas y alejadas de su entorno históricamente natural: la ciudad.

La primera revolución industrial de los siglos XVIII y XIX, basada en la mecanización de los procesos productivos y la introducción de la máquina de vapor, se erigió sobre el resurgir de las aglomeraciones urbanas como enclaves económicos donde se concentraban personas y fábricas. La segunda revolución industrial del siglo XX, basada en la producción en masa, mantenía la relevancia de lo urbano. Ambos procesos se sustentaron en el binomio industria-ciudad: satisfacía las necesidades de proximidad de las actividades productivas a determinados mercados, a mano de obra cualificada, al acceso a redes de transporte o a la conexión a la innovación, entre otras.

Sin embargo, el modelo de desarrollo que tiene sus raíces en la revolución industrial presente hasta finales del siglo XX se ha mostrado obsoleto y causante de algunos de los grandes retos a los que la sociedad se enfrenta en las próximas décadas: cambio climático, eficiencia energética, desigualdad o crisis económica estructural.

El nuevo milenio ha traído consigo un modelo de desarrollo sostenible y competitivo basado en la tecnología, el talento y nuevos esquemas colaborativos que han favorecido la creación de un modelo productivo respetuoso con el medioambiente (eco-innovación), abierto a la democratización de los medios de producción (fenómeno makers) y sustentado en la digitalización (industria 4.0).

El principal activo de la tercera revolución industrial que estamos viviendo es la digitalización de los procesos de fabricación, también denominada industria 4.0. Los cambios tecnológicos están transformando los pilares del modelo productivo tradicional y su relación con la ciudad. Las impresoras 3D, las tecnologías de automatización o el desarrollo de software de diseño, están facilitando la fabricación de productos en espacios más pequeños compatibles con los entornos urbanos. También está afectando a los protagonistas de la revolución.

El movimiento makers es un buen ejemplo de cómo el acceso a la información y al conocimiento generan oportunidades de negocio a personas creativas y proactivas en un momento en que lo tangible vuelve a cobrar protagonismo. La eficiencia es otra de las claves del nuevo modelo. La colaboración entre los distintos agentes del ecosistema de innovación permite compartir ideas, crear nuevas soluciones tecnológicas además de compartir maquinaria y capacidad productiva en espacios de coworking. Asimismo, la eco-innovación aporta tecnologías limpias y de alto valor añadido, que contribuyen a la integración de las nuevas actividades industriales en los entornos urbanos.

La importancia estratégica de las ciudades en este nuevo modelo productivo deriva de la intensidad de la actividad creativa que se desarrolla principalmente en las aglomeraciones urbanas. Dicha actividad se ve reforzada por el talento, uno de los principales factores de competitividad urbana y de la industria 4.0. en la actualidad.

De esta forma, las ciudades han comenzado a comportarse como comunidades de conocimiento, innovación, creatividad y aprendizaje, volviéndose más dinámicas, complejas, diversas, abiertas e intangibles. Estas características las convierte en los espacios idóneos para el desarrollo de una industria renovada compatible con la ciudad, la calidad de vida de sus habitantes y el medioambiente.

Es el momento de que el nuevo modelo arraigue en las ciudades convirtiendo de nuevo a la industria en la ventaja competitiva de los entornos urbanos, con el apoyo de un tejido de servicios avanzados de alto valor añadido. Para ello las administraciones públicas locales junto con el resto de agentes del ecosistema de innovación de las ciudades deben trabajar en generar las condiciones locales que potencien el desarrollo industrial urbano bajo nuevas formas de gobernanza.

Una industria abierta, sostenible y flexible, basada en la creatividad, el talento y la tecnología, que permita soñar a las nuevas generaciones.

Sobre Eguzkiñe Sáenz De Zaitegui

Licenciada en Sociología (especialidad en Sociología Urbana) por la Universidad de Deusto, cuenta con una trayectoria investigadora de más de 15 años iniciada en la misma Universidad, y focalizada en el desarrollo territorial y su vinculación con las dinámicas y políticas de innovación.

Desde 2006, desarrolla su actividad en TECNALIA, como investigadora del POINT (Policies for Innovation and Technology), área en la que participa en distintas iniciativas estratégicas y de investigación a nivel local, europeo y latinoamericano. Aborda enfoques teóricos y prácticos para la formulación de políticas de innovación y la planificación estratégica de ciudades: sistemas de innovación sectorial y regional, nuevas perspectivas holísticas como la innovación de sistema, la gestión de la transición, la innovación abierta, así como los nuevos modelos de desarrollo sostenible e integrado, incluyendo la ecoinnovación y las ciudades inteligentes.

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