Hacia un consumo sostenible, las etiquetas ecológicas

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Como consumidores, cada día estamos más bombardeados con términos como “ecológico”, “producción sostenible”, “cero emisiones”, “biodegradable”… Todos estos reclamos son fruto de la concienciación ciudadana por querer formar parte de un mundo más sostenible, potenciando el consumo de productos respetuosos con el medio ambiente.

El principal problema que se nos presenta como consumidores responsables es el gran desconocimiento general en materia de etiquetas ecológicas. A día de hoy, y debido al gran número de etiquetas y de afirmaciones en materia ambiental en los productos, los ciudadanos, en muchas ocasiones, no somos capaces de utilizarlas como un criterio más para tomar decisiones en nuestras compras.

Actualmente el número de sistemas de reconocimiento o etiquetados que se relacionan con la variable ambiental es extremadamente elevado lo que supone mucha confusión entre los consumidores finales. Es precisamente en este ámbito donde quizás uno de los mayores problemas sea la aparición de sistemas sin ningún tipo de rigor, que además se propagan a través de un sinfín de canales de comunicación y con campañas de marketing agresivas capaces de desorientar fácilmente al consumidor final. Por esta razón, el primer obstáculo con el que se encuentra el consumidor final, es discernir qué sistemas de reconocimiento son fiables y cuáles no.

Incluso entre aquellos sistemas de reconocimiento veraces el número sigue siendo muy elevado. Además los mensajes o las características pueden ser muy diversos. Nuestra labor como consumidores no es nada fácil, ya que debemos ser capaces de identificar los sistemas de reconocimiento más adecuados para aquellas características que se están buscando. En 2011, IHOBE publicó el documento “Etiquetado ambiental de producto. Guía de criterios ambientales para la mejora de producto” donde además de inferirse parte de los problemas comentados se describen las Etiquetas Ecológicas verificadas más representativas a nivel Europeo.

Entre todas las etiquetas ecológicas, destaca la “Etiqueta Ecológica de la Unión Europea” que es el reconocimiento oficial de la Comisión Europea a aquellos productos/servicios que presentan mínimos impactos ambientales en todo su ciclo de vida, sin que esto suponga una merma en su eficacia. La Etiqueta Ecológica de la UE se define en la web de referencia a nivel nacional como “un sistema fiable, transparente y no discriminatorio válido en toda la UE y en los países de la AELC (Noruega, Islandia, Suiza y Liechtenstein)”.

Aunque como todos los sistemas si se examinan en detalle es difícil no encontrar debilidades y aspectos mejorables, como consumidores, ante la imposibilidad de conocer en detalle todos los productos/servicios, debemos de contar con elementos que nos permitan diferenciar los productos más respetuosos con el medio ambiente. La gran fortaleza de la Etiqueta Ecológica de la UE es su reconocimiento a nivel europeo que permite a fabricantes y consumidores saber que el producto ha sido evaluado en base a los mismos criterios en toda la Unión.

Aunque la página web oficial solo está disponible en inglés, presenta información muy importante para la industria y el consumidor final. En dicha página se pueden encontrar desde enlaces a las Decisiones de la Comisión donde se definen los criterios a cumplir por cada uno de los productos y/o servicios susceptibles de ser etiquetados como el catálogo de productos a los que ha sido concedida la etiqueta ecológica europea clasificada por tipo de productos/servicios. La página oficial a nivel nacional también proporciona información general sobre la etiqueta además de incluir folletos informativos donde se describen brevemente los criterios que debe cumple cada uno de los productos que pueden ser etiquetados.

El objetivo de la Etiqueta Ecológica de la UE es promover productos que pueden reducir los efectos ambientales adversos en comparación con otros productos de su misma categoría. Para conseguir dicho objetivo es importante que la etiqueta proporcione a los consumidores orientación e información exacta, no engañosa y con base científica sobre dichos productos. Por este motivo, para obtener dicho reconocimiento los productos han de ser sometidos a una serie de ensayos en laboratorios independientes, así como presentar toda la información que demuestre que son respetuosos con el medio ambiente.

Toda esta información es evaluada por las autoridades correspondientes antes de que el producto pueda incluir en su etiquetado el logotipo de la Etiqueta Ecológica de la Unión Europea. Los criterios de evaluación son actualizados periódicamente cada 4-5 años para poder seguir manteniendo niveles de exigencia ambiental adaptados a la evolución constante de productos y servicios.

El logotipo de esta etiqueta, también conocido como “la flor europea” porque está representada gráficamente por una flor de tallo verde coronada por la letra “e” y las estrellas de la bandera europea, es fácilmente reconocible por los consumidores por su forma de flor y por incluir la inscripción “EU Ecolabel”, así como la dirección web de la página oficial de la Comisión Europea con toda la información sobre la misma. Los productos/servicios susceptibles de ser etiquetados varían desde pinturas y barnices hasta alojamientos pasando por tipos de producto tan diversos como equipamiento electrónico, complementos del hogar, higiene y limpieza, lubricantes, muebles, papel, recubrimientos de suelo o ropa.

No obstante, la realidad es que en muchos estados miembros no se ha alcanzado el grado deseable de despliegue de la etiqueta. Parte de la falta de éxito es debido a la escaso reconocimiento por parte de los usuarios, entre los que se encuentran principalmente los consumidores finales y las administraciones públicas con su poder de compra y contratación.

Aunque a priori puede parecer que nuestra contribución es insignificante, el poder que tenemos como consumidores es mucho mayor del que sospechamos, tal y como se puede constatar por la constante aparición y desaparición de productos y referencias del mercado por su baja demanda. Es el momento de ejercer nuestro derecho a ser consumidores informados y responsables, buscando que los reclamos de los productos/servicios que adquirimos estén avalados por sistemas fiables y verificables.

Aun con sus debilidades, a día de hoy, la mejor herramienta de la que disponemos para ejercer este derecho son las Etiquetas Ecológicas reconocidas y verificadas.

Sobre Alfonso Arevalillo Román

Químico, especialidad polímeros (San Sebastian, 2000) y Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Ingeniería Química (San Sebastián, 2003) por la UPV-EHU. Investigador en la UPV-EHU y POLYMAT hasta 2008, desarrollando análisis de mezclas en reactores de polimerización por medio de CFD acoplado con modelización cinética y caracterización térmica y reológica de polímeros, copolímeros y nanocomposites.

Desde 2011 está trabajando en TECNALIA tanto en el área de sostenibilidad como en el de construcción donde ha estado involucrado en modelos de sostenibilidad, gestión de materiales sostenibles, etiquetas ecológicas, implementación y ensayo de proceso de compostaje y biodegradación, y evaluación del riesgo medioambiental. Además está involucrado en la caracterización y evaluación de materiales poliméricos y sistemas de materiales avanzados incluyendo biocomposites y productos con nanomateriales.

Su experiencia profesional incluye sistemas coloidales (síntesis y caracterización), química medioambiental, caracterización térmica y reológica de materiales poliméricos; asistencia de temas regulatorios, principalmente para productos químicos (Regulación REACH) y productos biocidas; degradación, biodegradación y procesos de compostajes.

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