Ahora, a por la intermediación digital con clientes

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El pasado mes de abril, el comisario de Economía y Sociedad Digital Günther H. Oettinger presentaba la iniciativa Digitising European industry. Un plan que busca que toda empresa en Europa de cualquier sector, tamaño, localización o condición se aproveche plena y rápidamente de las innovaciones digitales para ser competitiva globalmente. Que Europa esté preparada para crecer en los mercados emergentes de los nuevos productos y servicios de la era digital.

La iniciativa de la Comisión Europea va más allá de la cuarta revolución industrial (o Industry 4.0). Es una concepción más amplia, que pone oportunamente el foco en la foto global de la transformación digital a escala europea. Ya no es solo una cuestión de productividad o eficiencia de la industria por la adopción de las TEIC.

Se trata de abordar la digitalización también en la  producción, en incorporar la tecnología digital en el negocio de los nuevos productos y servicios para crecer en el mercado. En el nuevo contexto económico, todos los negocios tienen una parte “digital” en su propuesta de valor, que es cada vez mayor y más relevante.

Hoy la batalla por la competitividad se libra tanto en el mundo tradicional como en el digital e, incluso, quizá más en el segundo por las disrupciones que produce. Y si en el mundo tradicional la competitividad empresarial se determina por la eficiencia en la producción, la calidad y la integración con los clientes, en el mundo digital esta batalla se libra principalmente en la interfaz (digital) con los clientes.

Si analizamos nuestra vida personal el perímetro “digital” está ocupado casi en su totalidad por industrias digitales no europeas. El sistema operativo de lo primero que tocamos por la mañana, la herramienta de mensajería de nuestros primeros mensajes (y siguientes), nuestras redes sociales, los navegadores, los servicios de nuestras búsquedas, nuestro recomendador de ruta al trabajo…  Son las GAFAs (Google, Apple, Facebook y Amazon) a través de las que miramos y que gestionan lo que vemos, es decir, nuestras tareas y nuestros datos. Unas GAFAs que acumulan progresivamente un poder de mercado en crecimiento, que en buena parte es debido al monopolio que ostentan sobre nuestros (¿?) datos.

Esta interacción digital en nuestra entorno diaria se va extendiendo progresivamente a otros ámbitos a medida que los bienes físicos de todo tipo y naturaleza se digitalizan: en el hogar, en los vehículos, en los medios, con las infraestructuras y suministros, con las máquinas, en la empresa o en la fábrica. Una transformación constante y persistente en cualquier sector, aunque no a la misma velocidad ni con la misma intensidad. Las empresas seguirán ofreciendo servicios, bienes y suministros, trasladarán personas y objetos, entretendrán, cuidarán, enseñarán, facturarán y cobrarán, pagarán a sus personas… Es muy importante que conserven también o, mejor dicho, sobre todo, la nueva interacción de naturaleza digital con sus clientes. Porque quienes se coloquen ahí, en esta interfaz digital, ejercerán una presión enorme al resto de la cadena de valor, haciéndolos más débiles y prescindibles.

La magnitud del desafío para Europa es enorme. Sabemos que en el ecosistema digital la competencia con otras partes del mundo es feroz en el mercado B2C y de alta tecnología. Las empresas europeas de sectores tradicionales, especialmente si son pequeñas y medianas, están muy rezagadas con relación a estas cuestiones e implicaciones de la digitalización. En el ranking de las 163 compañías tecnológicas unicornio, negocios emergentes que alcanzan una valorización mayor de 1.000 millones de dólares, apenas el 10% son europeas.

La respuesta a este desafío requiere por tanto, de alianzas y medidas extraordinarias en fondo y forma. En Alemania, la Internet Economy Foundation, en colaboración con la consultora Roland Berger presentaba también en abril un informe con siete áreas de actuación recomendadas para lograr una transición digital exitosa de la industria y para que el país no pierda la oportunidad de prosperidad y crecimiento que supone. En buena medida es coherente con la iniciativa Europea y con esa idea de que hay que ir más allá de la industria 4.0.

En Euskadi seguimos trabajando para adaptarnos a este nuevo contexto en los ámbitos a nuestro alcance. En el caso específico de la industria, debemos seguir extendiendo nuestra estrategia Basque industry 4.0. Estamos ya familiarizándonos con el software en segmentos que hasta hace bien poco eran totalmente ajenos y el término smart empieza a tener un significado concreto.

Además de hacer buenos productos de alto valor añadido, y hacerlos eficientemente a la manera como se demanda en el siglo XXI, tenemos que avanzar con fuerza en el dominio de la nueva interfaz o intermediación digital con los clientes.

Sobre Guillermo Gil Aguirrebeitia

Coordinador del Clúster de Conocimiento en Tecnologías de la Información y de la Comunicación, una comunidad de práctica de cerca de 350 especialistas para el desarrollo de conocimiento especializado.

Trabaja también como diseñador e intra-emprendedor de negocios emergentes alrededor de las TIC. Ingeniero de Telecomunicación, cuenta con más de 28 de experiencia en el ámbito de la I+D, con una potente base en el desarrollo de equipos, desarrollo de negocio de base tecnológica y diseño estratégico.

Participa en numerosos foros y Grupos de Trabajo nacionales e internacionales relacionados con las TIC y el desarrollo de la Sociedad de la Información.

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