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Hypes y bubbles, ¿cómo reconocerlos?

23 junio, 2016 Daniela Velte

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Esta contribución se fraguó durante una charla en la famosa tasca “Chéz Josean” en Miramón, Donostia. Va de “hypes”, un concepto de difícil traducción al castellano, pero de gran importancia para la planificación estratégica en los centros tecnológicos, las inversiones de empresas y la  toma de  decisión política.

En la mesa, lo tradujimos como “hipos”, inspirados probablemente por el entorno inmediato, y, en cierto modo, captamos la esencia del concepto. Los hypes, al fin y al cabo son igual que el hipo, un evento de repentina aparición, con un potencial efecto violento pero de rápido declive.

Un hype es, de acuerdo con el diccionario, un “bombo publicitario” pero su significado también abarca el sentimiento de excitación que provoca.  En el terreno tecnológico y de planificación se denomina de esta forma a un nuevo avance científico que promete “revolucionar” un mercado, o la forma en la que usamos los recursos de la tierra, entre otras cosas. Sin embargo, esta fase de euforia inicial tiende a desinflarse muy rápido para convertirse finalmente en una tendencia evolutiva más gradual y de mucho menor impacto. El “Gartner hype cycle” describe el fenómeno gráficamente.

Para reconocer un hype debemos hacernos tres preguntas:

  1. ¿En qué contexto ocurre y por qué en un momento concreto?
  2. ¿Quiénes son los beneficiarios y los promotores del hype?
  3. ¿Cuál es la opinión de los expertos en la materia tanto tecnólogos como conocedores del mercado?

Repasaremos estas tres preguntas con un claro ejemplo de un “hype” que conocemos todos: el gas “pizarra” o ”esquisto”. Los acontecimientos en torno a esta fuente energética aparentemente tan abundante nos enseñan muy nítidamente cómo se puede reconocer un hype y cómo se puede proceder para obtener una imagen más realista del potencial de desarrollo a corto plazo. Tener esa visión más realista nos permite planificar con la debida prudencia los  recursos a destinar a estos avances, y, sobre todo, alocarlos de forma óptima en el tiempo.

En primer lugar, conviene analizar en detalle la trayectoria de la nueva tecnología para entender por qué ha dado el salto al mercado en este preciso momento. En el caso del gas pizarra nos situamos en el año 2008, comienzo de la crisis económica y el comienzo del fin de la burbuja inmobiliaria. El precio del petróleo estaba a un precio récord, sofocando la economía mundial. Estados Unidos se encontraba con sus reservas de gas convencionales en niveles muy bajos y dependía cada vez más de importaciones.

La tecnología del fracking se conocía desde los años 40, pero con los precios del petróleo por las nubes se volvió competitiva en la primera década del siglo. Su explotación tenía además la gran ventaja de poder romper la tradicional evolución paralela de los precios de gas y de petróleo, derivada de la indexación de los contratos de larga duración del gas. En resumen, todo ventajas económicas y geoestratégicas para Estados Unidos, además del efecto psicológico de una menor dependencia del exterior.

Hemos reflexionado sobre el contexto en el que se produce el hype del gas pizarra, ahora debemos averiguar quiénes son los promotores de esa nueva solución revolucionaria y cuáles son sus intereses. ¿Son científicos con talento mediático deseando obtener mayores fondos para la investigación? ¿Son los propietarios de una empresa lista para salir en bolsa? Saber quién se beneficia del hype a corto plazo ya nos aporta mucha información para desarrollar una visión crítica.

En el caso del gas pizarra, por ejemplo, los mayores beneficios los obtuvieron los agentes de bolsa que especularon con los títulos de las empresas explotadoras de este recurso energético. Deborah Rogers, ex analista de Wall Street informa que en 2011 los negocios alrededor del gas pizarra ascendieron a 46.500 millones de dólares mientras la industria en sí registraba pérdidas.

Lógicamente, este tipo de información de Wall Street no está al alcance de todos y no siempre llega a tiempo, así que tenemos que dar el tercer y último paso: acceder a un conocimiento sólido del ámbito tecnológico en cuestión combinado con los retos del mercado en el que impactará. Pero de nuevo, este análisis puede resultar complicado ya que es probable que nos encontremos con informes completamente contradictorios.

Así, en la primera fase del hype del gas pizarra, había proyecciones altamente positiva sobre la duración de los yacimientos, mientras los críticos sostenían que su rendimiento iba a declinar muy rápido. En estos casos, suele ser muy útil averiguar quién ha financiado los estudios y tener muy en cuenta las voces críticas. Y resulta que en el caso del gas pizarra, los críticos tenían razón: el porcentaje de gas pizarra que se llega a explotar oscilan entre el 5,8 y el 10%, frente a un nivel de recuperación del gas convencional del 75 al 80” (Sandrea, Oil & Gas Journal)

Bien, con el tiempo, se ha visto cuál es la realidad. La Administración estadounidense constató en 2015 que la producción de gas pizarra iba a disminuir y hoy en día, los analistas hablan abiertamente de la “gas bubble”, recordando con esta expresión la “burbuja” de las acciones de telecom que costó muy cara a los inversores pequeños allá en el siglo XX o la tan sufrida burbuja inmobiliaria.

Pero no parece que la historia se acaba allí. Presenciamos actualmente una nueva ola de inversiones billonarias en empresas de gas pizarra en Estados Unidos.

¿Empezamos por arriba? Mejor elevar la cautela cuando un hombre trajeado nos  habla exultantemente de “revolución” en la prensa financiera.

Sobre Daniela Velte

En abril de 2006 se incorporó al centro tecnológico INASMET. Posteriormente realizó las funciones de Directora de Programas de Estrategias de Innovación de TECNALIA. Está especializada en prospectiva energética y planificación estratégica. Desde hace varios años colabora con la Oficina de Evaluación de Tecnologías del Parlamento Europeo (STOA) y también es la coordinadora de uno de los Programas Conjuntos de la European Energy Research Alliance (EERA), “e3s”. Este Programa Conjunto busca alinear la investigación europea en torno a los impactos económicos, medioambientales y sociales de políticas y tecnologías energéticas.

Para STOA ha realizado dos estudios de evaluación; uno relacionado con Redes Inteligentes y otro que analizaba opciones para la conversión de CO2 a metanol para usos en transporte. Anteriormente colaboró en una serie de estudios muy relevantes en Europa, tales como “ReRisk Regions at Risk of Energy Poverty”, el European Foresight Network EFONET o “EurEnDel – Technology and Social Visions for Europe’s Energy Future”. Trabajó durante 15 años en Prospektiker, realizando diversos estudios para el Departamento de Planificación Estratégica de Iberdrola.

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