investigacion y desarrollo

¡Salvemos la I+D!

3 diciembre, 2015 Eva Arrilucea Solachi

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¿Qué pasaría en este país si se recortara un 2% el presupuesto de un equipo de fútbol de primera división? ¿Y si además, ese recorte hubiera venido precedido de otro recorte el año anterior del 4%?

Hace unas semanas estuve en Colombia, en una reunión donde me sentaron al lado de un cheque gigante donde se leía: “Me comprometo a llegar al 1% del PIB en ACTI con al menos el 50% de inversión privada”.

Me recordó a la primera vez en que participé en la asistencia técnica a un plan de ciencia, tecnología e innovación en el País Vasco (allá por 2003), un proceso donde nos planteábamos una meta muy parecida: “nos comprometemos a llegar al 3% del PIB en gasto en I+D para el 2010”. Nos avalaba la Agenda de Lisboa. Nos avalaba un Gobierno, el del Lehendakari Ibarretxe, que había hecho de la innovación, de la ciencia y de la tecnología sus palancas de competitividad, sus pilares para elevar al País Vasco al nivel de las regiones más avanzadas de Europa. Nos avalaban décadas de apoyo al sistema de ciencia y tecnología, una infraestructura potente en la que muchas de las mentes más brillantes de este país habían focalizado su conocimiento y su esfuerzo muchos años atrás. Nos avalaba el orgullo de un sistema que año tras año, no paraba de mejorar las cifras. ¡Buenos tiempos para la I+D!

Después empezamos a alargar los plazos. El 3% para 2015. El 3% para 2020. Y luego ya dejamos de hablar del 3%. Todos los noviembre desde 2010 empezamos a mirarnos de reojo, con algo de preocupación: ¿no estaremos viviendo de las rentas? La respuesta nos vuelve a dar en plena cara este año, ¡sí! Estábamos viviendo de las rentas. Y las rentas se han terminado. Nos lo confirma un famélico 1,93% de gasto en I+D sobre el PIB que parece burlarse del famoso 3% del que ya, preferimos ni hablar.

Eso sí, de nuevo, este año volvemos a ser “cabeza de ratón” .

El Instituto Nacional de Estadística nos sitúa en cabeza del gasto en I+D estatal sobre el PIB (como siempre, con una cifra sensiblemente superior a la ofrecida por el Instituto Vasco de Estadística), seguidos de Navarra, Madrid y Cataluña. Recuerdo que hubo una época en la que apenas mirábamos de reojo este indicador, tan ocupados como estábamos de medirnos con los mejores.

En este sentido, Europa nos pone en nuestro sitio: con una media del 2,03 (2,11 si tenemos en cuenta a
los países de UE18) nos recuerda que no solamente estamos ralentizando el ritmo, sino que además, cada vez la distancia entre ellos y nosotros es mayor.

Para ser honestos, es verdad que los principales países de referencia en Europa se sostienen sin grandes
alegrías: Dinamarca, Alemania, Francia, Austria dan resultados estables desde 2012 sin grandes incrementos ni caídas, como respuesta defensiva ante la crisis económica global de los últimos años. Eso sí, todos ellos con tasas bastantes más altas que la nuestra.

Tampoco en innovación los resultados del País Vasco son espectaculares. El índice Altran 2015 nos ofrece un 0.49, ligeramente superior al dato de la Unión Europea (0.43). Y sospecho que probablemente, actualizado a los datos que acaba de publicar Eustat este índice sería menor (Altran utiliza como referencia un GERD de 2,09 frente al 1,93 actual). Incluso con este bonus somos una región con capacidad innovadora media que destaca “por el peso del sector servicios de alta tecnología y la elevada proporción de investigadores trabajando en empresas”.

Hablando de empresas y  teniendo en cuenta que, desde mi punto de vista, ellas son y serán siempre el centro del sistema, hay algunos datos sobre su comportamiento que creo que merece la pena tener en cuenta, más allá del “dato maldito”. Aunque en términos absolutos las empresas están ejecutando menos gasto que en años anteriores, el porcentaje se mantiene en un estable 75% sobre el total, frente al 18% de la Enseñanza Superior y alrededor del 7% de la Administración Pública. También es interesante constatar que ha aumentado el número de negocios que hacen I+D tanto en el caso de las PYMES como, en el caso de las empresas grandes. Y este incremento se ha dado en todos los niveles tecnológicos, aunque predominan las compañías que hacen I+D dentro del sector manufacturero de media-baja tecnología (331) frente a las del media-alta tecnología (284) y alta, que siguen siendo minoría frente a los dos grupos anteriores (55). Sin embargo, el gasto interno en I+D de las empresas continúa disminuyendo siguiendo la tendencia de años anteriores y la partida que muestra una mayor caída es precisamente la de gastos de capital (equipos e instrumentos, sobre todo).

Respecto a la financiación, las empresas siguen siendo las líderes con un porcentaje ligeramente creciente en los últimos años y actualmente en torno al 57% del total. Las administraciones públicas por su parte financian el 32% del total en una tendencia claramente descendente desde 2010.

De nuevo, a nivel global, tampoco tenemos demasiado que decir en este tema. De entre las 1.000 empresas que más invierten en I+D en el mundo en 2015, sólo 8 son españolas y ninguna de ella es vasca. No es únicamente un tema de hacer bulto, también se trata del volumen de inversión. Volkswagen, ella solita, (la primera del ranking) invierte 5 veces más que todas las empresas españolas juntas, 11 veces más de lo que ha invertido Euskadi en 2014.

En un artículo publicado recientemente en su blog, Guillermo Dorronsoro subrayaba el tirón de orejas del Comité de Ciencia y Tecnología del Parlamento de Reino Unido a su Gobierno (a estos no se les ha olvidado el famoso 3%) recordándole que si no se pone las pilas apostando por la I+D, perderá su ventaja competitiva frente al resto de países.

Yo también tenía la esperanza de que este fin de semana aquí la gente se lanzara a la calle y se tirara de los pelos encabezando pancartas con el eslogan: “Salvemos la I+D”. Esperaba encendidas tertulias en las cadenas de radio y televisión llenas de individuos con corbata y semblante grave anticipando los negros presagios que nos aguardan como sigamos por este camino de desinversión y de decrecimiento. ¡Pero no! Ni una miserable reseña en el periódico, ni un comentario de pasada en el telediario. Como mucho, algún paracaidista que no tiene mucha idea de qué es esto de la I+D pero que ha visto que se puede usar como arma arrojadiza en época electoral y está a ver si suena la flauta.

Y todo ello resumido en la sabiduría de la señora Carmen, que me ayuda con la plancha una vez por semana:

¿Recortes en investigación? ¿Y eso para qué es? ¡Ah! en lo que trabajas tú, ¿no? ¡Pobrecilla! normal que estés preocupada…”

Sobre Eva Arrilucea Solachi

Doctora en Economía por la Universidad del País Vasco y Experta en Dirección de Negocio y Tecnología por la Deusto Business School – Universidad de Deusto, Eva Arrilucea tiene una trayectoria de más de 15 años como experta en asesoramiento estratégico a las administraciones públicas de varios países en Europa, África y Latino América.

Tras unos años como Socia en una empresa de consultoría estratégica y gestora de proyectos de ciencia y tecnología, actualmente es Directora del equipo de Políticas de Innovación en el área de Estrategias de Innovación en Tecnalia Research and Innovation.

2 Comentarios

  1. Si pero…¿Quién debe salvar la I+D?

    Las empresas ya han interiorizado que la viabilidad de su negocio en el medio-largo plazo depende de su capacidad de innovar. Las empresas tienen y nos transmiten, problemas que resolver, necesidades e ideas y buscan colaboradores que les ayuden a resolver esos problemas a abordar sus necesidades tecnológicas y quien les proponga nuevas ideas.

    De las Administraciones esperamos que inviertan dinero, diseñen los Programas de incentivación adecuados y prioricen los objetivos de la I+D.

    ¿Y cuál es nuestro papel en un contexto de financiación pública escasa? Por su puesto que darlo a conocer y promover la reflexión sobre sus consecuencias. Por ello, comparto tu mensaje, Eva. Pero creo que podemos hacer mucho más. Me parece poco “estético” reclamar con insistencia que nos “llegue dinero de la Administración para hacer I+D”.

    Las posibilidades de la creatividad y el conocimiento orientados a la innovación tecnológica son ilimitadas. Considero que nuestra capacidad de mejora es de 2 órdenes de magnitud. Tenemos que demostrarnos y demostrar a la sociedad que nuestra actividad es de alto valor añadido y eso está reñido con transmitir que somos demasiado dependientes de la financiación pública.

    Creo que tenemos pendiente el ejercicio de explorar como multiplicar el valor de nuestra actividad explotando mucho mejor nuestros activos materiales e inmateriales.

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    • Comparto tu reflexión.
      Como bien dices, todos tenemos una responsabilidad clara en tratar de maximizar los resultados de la inversión que ya se hace. Además de un derroche imperdonable (no podemos olvidar de dónde sale el dinero público y lo valioso que es ese esfuerzo), corremos un riesgo enorme de que las políticas públicas empiecen a virar hacia recortes de la inversión a la vista de que no hay resultados, como ha podido pasar en Finlandia o como podría pasarnos a nosotros.

      Quizá ese es precisamente parte de mi miedo: que con el argumento de que los resultados no se ajustan a la inversión, los recortes se vuelvan indiscriminados y nadie haga nada por defenderlos. No nos engañemos: vivimos en un país donde la gran mayoría de la población no siente ningún tipo de temor ante el cierre de centros de ciencia, ante la desaparición de grupos de investigación o ante la fuga de cerebros a otros países. Ya volverán. ¿Y si no vuelven?.

      También comparto contigo la necesidad de no entender al Estado desde un punto de vista paternalista, que tiene que dotarnos de recursos y tiene que velar por nosotros como una obligación. Ya hemos visto que esas políticas y esa cultura “parasitaria” no lleva más que a agentes ineficientes, a solapes y a resultados mediocres. Tenemos una responsabilidad “personal” con la investigación y por lo tanto estoy de acuerdo contigo en que el esfuerzo es de todos.

      Pero es indudable que sin la inversión y el apoyo público esto no va a funcionar. No se me ocurre ningún caso de país con una alta inversión en I+D que funcione y haya funcionado únicamente con una tracción privada, sin apoyo de la parte pública. Necesitamos el apoyo del Estado para crear un ecosistema de innovación que tenga las condiciones necesarias para que las empresas puedan innovar, para que las empresas puedan nacer, para que las empresas sepan absorber los resultados de la I+D; necesitamos el apoyo del Estado para financiar los estadios de la I+D+i donde existe más incertidumbre, la investigación básica, aquella que todavía no se sabe muy bien si va a dar o no resultados ni para qué van a servir, o el salto desde la investigación aplicada al mercado, especialmente en temas concretos como en productos tecnológicos avanzados (con nano, con bio, con otras KETs…) que implican una inversión elevadísima y tienen una incertidumbre igual de grande; necesitamos al Estado como adalid de la I+D, para que conciencie a la sociedad, para que divulgue el mensaje de que cerrar un centro de investigación, o que nuestros doctores se vayan para siempre a trabajar a otros países es una pérdida irreparable, terrible, mucho más importante para el presente y para el futuro que la sanción a un ciclista por dopaje, o que las últimas declaraciones de un futbolista imberbe o cualquier otra nadería de esas que hacen que en este país nos levantemos en armas, como si nos fuera la vida en ello…

      Gracias por tu comentario, Luis, y un abrazo fuerte.

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