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¡Vamos a por Rolex y a por setas!

20 octubre, 2015 Javier García Jaca

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Una de las ventajas de que no aparezca definida la palabra bioeconomía en el DRAE es que hay cierta libertad para crear neologismos y fomentar el debate. ¡Voy a  intentarlo!

Se entiende por bioeconomía el proceso de crear productos de distinto tipo y naturaleza a partir de fuentes y recursos de origen biológico, por lo tanto, renovables. Y todo esto con el noble fin de satisfacer necesidades de la  sociedad y generar actividad económica sin “cargarse” el planeta, ¡ahí es nada! Aunque nuevo, el concepto engloba un sinfín de actividades de las de toda la vida. Cuando uno compra un producto de madera fomenta la bioeconomía; cuando uno echa biodiesel al coche fomenta la bioeconomía; cuando uno consume productos de huerta fomenta la bioeconomía y así, hay cientos de ejemplos en nuestra vida cotidiana.

Estos recursos de origen biológico dan lugar a una cadena de valor que acaba en un producto que es comercializado y consumido. Dos de los ejemplos anteriores mencionan el destino final de buena parte de estos recursos: comida y combustible. Hasta ahora, la pugna siempre ha sido entre food & fuel como tractores de la bioeconomía pero detrás de este concepto hay más, muchísimo más. Lo divertido es que esto sólo acaba de comenzar. Ahora viene la química para decirnos que también puede aprovechar estos recursos naturales y ofrecer una alternativa real a la química del petróleo (¡sí, sí, toda la química del petróleo!) diseñando materiales y productos intermedios con las mismas propiedades que sus homólogos, a precios cada vez menores.

Es ingenuo pensar que la bioeconomía vaya a desplazar a la industria del petróleo en un plazo corto, medio e incluso largo. El escenario más previsible es una coexistencia de soluciones por ambas partes con sus ventajas e inconvenientes. Un ejemplo es PlantBottle. Coca-Cola comercializa su producto en este envase plástico en el que se sustituye de forma parcial el plástico (PET- tereftalato de polietileno) de origen fósil por el mismo, pero de origen biológico en sus conocidas botellas. Y de paso se lleva a un buen número de entusiastas de las soluciones eco. Otro caso es: en numerosos lugares se están poniendo suelos hechos con un material uniforme que contiene plástico y madera. Se fabrica igual que un plástico pero se ha sustituido el 50% (o más) por madera. Este producto está presente hasta en las tiendas de bricolaje. Todas las ventajas de ambos materiales en un producto. Con unas gafas de bioeconomía no se ven residuos en los sectores forestal, agrario y alimentario (por mencionar sólo algunos). Lo que se ve es el potencial de fabricar materiales, productos químicos intermedios, aditivos químicos, combustibles y un largo etcétera. Saber dar el salto desde un residuo hasta un producto con valor es generar una oportunidad de negocio para quien conoce el residuo, conoce el mercado final y sabe saltar.

Las implicaciones de esta integración de la química y los materiales en la bioeconomía transcienden los aspectos tecnológicos y empresariales para adentrarse de lleno en una economía global. Tener alternativas bio a los derivados del petróleo nos supone ser menos dependientes de las fluctuaciones de los precios del crudo. A fecha de hoy el precio de petróleo es bajo pero cuando dependes de estas materias primas y sufres variaciones superiores al 30% en pocos meses sin poder trasladarlo a tus clientes tienes muchas posibilidades de echar el cierre. Por ese motivo, la bioeconomía aplicada a la química y a los materiales combina recursos locales con mercados globales de forma que lo que viaja es el producto con mayor valor añadido y donde se genera riqueza es a nivel local. Riqueza en trabajos cualificados porque no es evidente dar ese salto desde, por ejemplo, el serrín generado en un aserradero hasta un plástico.

Por este motivo, algunos gobiernos cercanos ya están teniendo en cuenta esta economía y desarrollan leyes específicas para favorecerla. Es el caso del parlamento francés que de mano de la ministra francesa Ségolène Royal – Ministra de Ecología, Desarrollo Sostenible y Energía – adoptó en julio de este año una ley para la “transición energética y el crecimiento verde”.

En definitiva, la bioeconomía se ha redefinido desde los productos tradicionales de alimentación y biodiesel (las setas) hasta un abanico casi infinito de productos químicos y materiales (los Rolex) que constituyen oportunidades de negocio para un buen número de sectores.

Los sectores químico (con sus productos intermedios), construcción (como gran consumidor de materiales), alimentación (con su proximidad al usuario final) y el sector primario (como generador de buena parte de las materias primas) son excelentes ejemplos pero no los únicos que se benefician de esta “cosa” que llamamos bioeconomía.

Sobre Javier García Jaca

Obtuvo su doctorado en Ciencias Químicas por la UPV/EHU (1995) en el área de química inorgánica. Ha desempeñado labores de investigación en química del estado sólido en la Universidad Complutense de Madrid (1995-1999) publicando un total de 16 artículos científicos sobre materiales metalo-orgánicos y cerámicos y realizando estancias en Francia, Reino Unido y Dinamarca. En 1999 se incorporó a CIDEMCO como Director del Departamento de Materiales. En 2014 obtuvo el título de Experto en Dirección de Negocio y Tecnología de la Deusto Business School & Tecnalia.

En TECNALIA ha desempeñado desde 2011 labores de dirección del Área de Negocio de Materiales en Construcción. Ha dinamizado la participación de PYMEs españolas y europeas en proyectos europeos. Ha sido representante en el Consejo Gestor de la Plataforma Española de Química Sostenible (SUSCHEM) y representante de TECNALIA en diversas plataformas tecnológicas europeas, Sustainable Chemistry e Innovawood.

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