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Los wearables se integran en nuestra vida cotidiana

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¿Cuál es el rol de los wearables en la industria? En la actualidad, podemos decir que es mínimo, prácticamente inexistente. Sin embargo existen estudios, pilotos y experiencias que nos permiten avanzar un futuro brillante para estos dispositivos en la industria, y antes de lo que muchos podemos pensar.

Por un lado, tenemos que ver lo que está sucediendo en el mercado de consumo donde las predicciones indican que “el nuevo fenómeno de masas” se concentra en los wearables, ya sean estos activos (capaces de incorporar nuevos servicios) o pasivos (diseñados para un único conjunto de servicios). Las últimas proyecciones indican una tasa de crecimiento anual del 55% durante los próximos cinco años, lo que supondría una auténtica invasión de estos dispositivos en nuestra vida cotidiana. Nos hemos convertido en una sociedad adicta al Smartphone.

Dado que la mayor parte de los wearables se diseñan como extensiones naturales de los servicios que éstos proporcionan  veremos cómo nos vamos habituando a combinaciones de Smartphone + wearables cada vez más sofisticadas y ligadas a lo cotidiano. Es más, para determinados ámbitos sabemos bien que los wearables pasivos son una auténtica llave a la hora de convertir productos en servicios, como pudimos comprobar en 2014 con la aventura de Qing.solutions en varios hoteles, y que ahora se convierte en valor para empresas como Onity.

Por otro lado, tenemos ya algunas evidencias en el mundo de la industria. Según un estudio realizado a 130 empresas industriales recientemente publicado por PLEX, empresa especializada en ERP para el sector industrial, un 36%  está pensando en implantar en los próximos años dispositivos HUD (Head Up Display) para aprovechar la realidad aumentada en los procesos de fabricación. También es cierto que un 35% responde que existe demasiada promesa incumplida en este campo (basta con recordar la enorme burbuja generada en relación a las Google Glass). No cabe duda de que la maduración de las tecnologías, hoy habituales en campos como el de los sistemas militares, nos lleva a una integración paulatina de los HUD en la industria. No en vano, la diferencia entre dispositivo de consumo e industrial se va atenuando.  Van apareciendo diseños reforzados y capaces de resistir las condiciones operacionales “agresivas” de un proceso industrial. La reciente compra por parte de Apple de Meta.io; la promesa de Google de volver con unas nuevas HUD, la persistente presencia e innovación de Vuzix, las sorprendentes Epson Moverio… son indicadores de que el mercado de consumo se va a ir inundando poco a poco de estos dispositivos.  Es muy probable que el primer impacto se produzca en sectores profesionales donde el hecho de contar con una vista contextualizada en tiempo real y sin distracciones del entorno que rodea al profesional es clave. Un buen ejemplo es el de Daqri, que propone un casco donde el HUD es un elemento fundamental.

Pero no sólo de estas “pantallas informativas” se habla en la actualidad. El despliegue de wearables en la industria avanzará por prendas sensorizadas, pulseras, y cualquier otro elemento que podemos incluir de forma cómoda, fiable y resistente. ¿Serán los HUD? ¿Serán las prendas industriales sensorizadas? ¿Serán pulseras o cualquier otro elemento pasivo colocado sobre nuestro cuerpo? Aquí es donde tenemos que detenernos a pensar que quizás todos los estudios de mercado, los análisis de viabilidad de dispositivos y los escenarios que se plantean en la industria, sea cual sea el elemento wearable que repunte, tienen dos desafíos clave; la conectividad y la inteligencia.

Conectividad

Estamos acostumbrándonos a velocidad de vértigo a tasas de conexión a la red, antes impensables. Nuestros hogares están bien dotados de conectividad por cable, fibra o vía 3/4G, y olvidamos, que muchos de los centros industriales están localizados en zonas lejos de la urbe o en zonas industriales con un despliegue todavía insuficiente. Sin una garantía de calidad de servicio es impensable desplegar de forma masiva wearables, puesto que son “gadgets” sin valor, si la conectividad no está asegurada. Ahí es donde entra además la nube, las tecnologías Cloud que permiten actuar al wearable como cliente de plataformas de cómputo y servicio. Al fin y al cabo, sea cual sea su capacidad de proceso ¿no es lógico desplazar el mayor volumen posible de procesado a la nube? Por supuesto que sí, siempre y cuando si la conectividad esté resuelta.

Inteligencia

En el sector creativo y audiovisual el contenido es el rey. En el mundo industrial la información que exponen los dispositivos tienen que incorporar además inteligencia operacional. Mucho hablamos hoy día de Big Data como un conjunto de tecnologías que nos permiten hacer predicciones, prescribir acciones o decisiones desde los datos y visualizar información generada a través del procesado complejo de éstos. Lo que no podemos olvidar es que el wearable no es más que un dispositivo tan tonto o tan listo como aquellos algoritmos de visualización, predicción o prescripción que estén detrás del mismo. Eso supone mucho, muchísimo software que hoy por hoy, todavía hay que crear.

Recordemos al gran Bruce Lee y su lección sobre el dedo y la Luna

¿No será que el dispositivo es el dedo, y que no hay Luna sin Cloud y sin Big Data?

Sobre Joseba Laka Mugartza

Desde que descubre el software sobre un ZX Spectrum allá por 1983 hasta hoy es un apasionado de las tecnologías y de las personas con interés por las tecnologías.

Actualmente es el Director de ICT de TECNALIA donde comparte junto a un amplio equipo de investigadores y tecnólogos el reto de desarrollar líneas de I+D que impacten de forma positiva en el resultado de las empresas del llamado “macro-sector TIC”.

Se formó como Ingeniero en Informática y posteriormente ha ampliado conocimientos en varios postgrados relacionados con el mundo de la empresa, la investigación y la gestión de la tecnología. Antes de entrar en TECNALIA se formó en la vida y en la empresa, en la aventura de Airtel, finalizando 10 años después su vinculación a las Telcos en la sede central de Vodafone en UK, tras pasar por Alemania, Italia y Japón (entre otros destinos).

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