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Aquí hay tomate

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Tras varios años entre bastidores, por fin ha saltado a la escena pública el controvertido borrador del Real Decreto de autoconsumo, también conocido como el  impuesto al sol. Su publicación parece inminente. Y es que no se puede retrasar mucho más una regulación al respecto.

La energía solar fotovoltaica, que convierte el sol en electricidad y que no debe confundirse con la solar térmica que se utiliza para obtener agua caliente, ha reducido sus costes de manera espectacular en los últimos años, posicionándose entre las fuentes de generación eléctrica más económicas. La paralela reducción de costes de las tecnologías de almacenamiento eléctrico permite además emplear esta energía, no sólo cuando hace sol, sino cuando realmente se necesita. Y todo ello por un precio razonablemente competitivo.

De hecho, el lanzamiento de la nueva batería de Tesla para autoconsumo fotovoltaico se escenificó como si se tratase de un nuevo gadget de Apple destinado a cambiar el mundo, alcanzando un impacto mediático sin precedentes para un dispositivo de estas características. Y no es para menos, porque la democratización de la energía está cada día más cerca gracias a estas nuevas soluciones tecnológicas. Parece que por fin llegará la tan ansiada generación distribuida que transformará, de una vez por todas, el sistema eléctrico tradicional.

A pesar de todo, gran parte de la opinión pública aún desconoce las claves del borrador del Real Decreto que amenaza la rentabilidad del autoconsumo fotovoltaico en España e ignora los argumentos esgrimidos por unos y otros en el exasperante debate suscitado en torno a él. Este artículo pretende arrojar algo de luz sobre este asunto.

Sin embargo, como todos sabemos que no conviene meter los dedos en la llaga y mucho menos en el enchufe, evitaré referirme a kilowatios-hora eléctricos y, en su lugar, hablaré de tomates. Probablemente no sea la mejor metáfora que se pueda encontrar al respecto, pero sí ha sido la más recurrida desde hace tiempo en los agitados foros de discusión que han seguido con interés esta trama desde su comienzo.

Es más, renunciaré incluso a hablar y les cederé la palabra a dos interlocutores ficticios para que discutan entre ellos acerca de la posibilidad de cultivar sus propios tomates. Todo con tal de no sumergirme una vez más en los tecnicismos que abundan en el polémico borrador del Real Decreto.


He oído que en muchos países está de moda cultivar tus propios tomates. Estoy pensando en hacer yo lo mismo. He estado haciendo algunos números y, además de más frescos y naturales, me saldrían mucho más baratos.

¿Has tenido en cuenta el impuesto que tendrás que pagar por hacerlo?

¿Qué impuesto?

Por cada tomate que cultives y te comas tendrás que pagar una tasa. Ten en cuenta que tu huerta no va a dar tomates todo el año y de algún modo tienes que pagar que el supermercado siempre esté ahí cuando tú lo necesites. Que siempre haya tomates en el supermercado no es tan sencillo. Tienen que asegurar la cosecha todo el año con invernaderos repartidos por todo el mundo, organizar el transporte y saber bien cuántos van a vender. Los que no se vendan tendrán que acabar tirándolos. Que gente como tú hoy no compre y mañana sí les complica mucho su trabajo e incrementa sus costes.

Pero es que yo pienso poner también un pequeño invernadero[1] . De ese modo, y comprando sólo unos pocos tomates durante todo el año, seguiré ahorrando dinero y no generaré ningún sobrecoste al supermercado. Supongo que así no tendré que pagar ningún impuesto.

Te equivocas. De hecho, tendrás que pagar el impuesto por los tomates y otro adicional por el invernadero. El motivo es que con tu invernadero comprarías aún menos tomates en el supermercado y afectaría a su sostenibilidad. Si quieres seguir acudiendo al supermercado y aprovecharte de su servicio, tienes que ayudar a mantenerlo pagando los impuestos correspondientes.

No lo entiendo. ¿El mantenimiento del supermercado no está ya incluido en el precio de los tomates?

Sí, pero el precio se establece considerando que se vende un número determinado de tomates al año. Si la gente compra menos tomates, el precio de los tomates tendrá que subir para mantener el supermercado. O bien establecer una cuota por comprar allí. Además, el transporte de tomates es mucho más caro hasta las islas, por ejemplo. Y eso también lo pagamos entre todos en el precio de los tomates. ¿Quieres que el precio del tomate suba por tu culpa y la gente que no tiene tus mismas posibilidades no pueda permitirse comer tomates? Esa es una postura bastante insolidaria.

No veo claro que el precio de los tomates suba por mi culpa. Y desde luego no veo la diferencia con alguien que simplemente compra menos tomates porque se pone a dieta, por ejemplo. Y en ese caso no se paga ningún impuesto. En fin, espero que al menos a la persona que vive en las islas no le cobren por cosechar sus propios tomates. En ese caso, además de ahorrarse un dinero en su compra diaria, estaría reduciendo los elevados costes del transporte a las islas y, por tanto, el precio de los tomates de todos.

Bueno, en realidad, aunque menor, también tendrán que pagar el impuesto en las islas.

¿De qué importes estamos hablando?

Hay cifras pero son transitorias. Se irán ajustando a lo largo de los años en función de los costes del supermercado. En cualquier caso, ten por seguro que el impuesto afectará muy gravemente a la rentabilidad de tu idea.


Poco más que añadir. Ahora que cada uno extraiga sus propias conclusiones. Personalmente opino que, con impuesto o sin él, más tarde o más temprano, veremos a muchos consumiendo sus propios tomates y colgando el cartel “Aquí hay tomate”  para ofrecer los que les sobren a sus vecinos.

¡Buen provecho a todos!

[1] El pequeño invernadero representa un pequeño sistema de almacenamiento eléctrico, como el anunciado por Tesla.

Sobre Ricardo Alonso Segade

Finalizó sus estudios como Ingeniero Superior de Telecomunicaciones en la Universidad del País Vasco en el año 2002. Actualmente está desarrollando su tesis doctoral sobre la conexión a la red eléctrica de los sistemas solares fotovoltaicos con seguimiento del punto de máxima potencia distribuido.

Desde 2003 ha desarrollado su actividad laboral como investigador en el centro tecnológico ROBOTIKER, que en 2011 pasó a formar parte de TECNALIA. Actualmente compagina la investigación con la gestión de proyectos en Energía y Medio Ambiente de TECNALIA. Su principal campo de investigación es la electrónica de potencia y control aplicada a sistemas de energía solar fotovoltaica. Durante estos años  ha publicado varios artículos en revistas con alto índice de impacto, atesora más de una veintena de participaciones en congresos y es autor de una patente.